Cofradía del Santo Sepulcro

La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén

Víctor de los Ríos, 1957

Procesiones en que puede verse

DOMINGO DE RAMOS
Procesión Litúrgica de Ramos

DOMINGO DE RAMOS
Entrada de Jesús en Jerusalén

Descripción

Realizado por Víctor de los Ríos, y que habitualmente se encuentra en la Capilla del Santo Sepulcro. Este paso sustituyó a otro de idéntica advocación del siglo XVI, y que fue vendido a la parroquia de Barruelo de Santullán. Según figura en la escritura del contrato, fue encargada el 13 de septiembre de 1955, por un total de 100.000 de las antiguas pesetas, a pagar en cuatro plazos. Este conjunto escultórico está formado por las figuras de Jesús a lomos de una pollina, acompañado por una samaritana y un niño. La elección de los personajes acompañantes del Señor sobre el asno, no fue arbitraria, ya que representan a los marginados de aquel entonces. Curiosamente, la cría de la pollina que relatan los evangelios fue obviada en la composición, puesto que el Sr. Obispo no estimó oportuno que se incluyera. El simbolismo del asno se recoge en un pasaje del evangelio de San Mateo, en el que relata: “Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de animal de carga”. La elección de este animal indica que no se trata de una entrada triunfal de un guerrero, sino de la de un rey manso y humilde de corazón. Todo ello, a pesar de que Jesús entra en Jerusalén, la ciudad Santa, con todos los honores propios de un rey, pues es recibido y aclamado por el gentío. La Borriquilla, en todas sus variadas representaciones dentro de la imaginería religiosa española, viene a representar la llamada a seguir el camino, la ruta emprendida por el Señor. El propio escultor nos insta a que seamos fieles a la convicción de que Jesús es el Rey, el Salvador que viene a rescatarnos del pecado; para ello, hace que le acompañen como representación los más débiles, la Samaritana y el muchacho, ambos marginados e indefensos. Jesús entra en Jerusalén como Mesías, como Rey, bendiciendo al pueblo; a la vez, como el más humilde de los siervos, a lomos de un borrico. Estilísticamente, Víctor de los Ríos no es adscribible a ninguna escuela. Su lenguaje es absolutamente personal y no tiene antecedentes iconográficos ni de estilo en autores anteriores. Es el gran imaginero leonés, comparable con Gregorio Fernández en Valladolid o Ramón Álvarez en Zamora. La escena representada en este paso sigue las características habituales del estilo de Víctor de los Ríos: realismo figurativo idealizado y corrección formal en la composición, lográndose una escena serena y no teatral.