Cofradía de Jesús Crucificado

Nuestro Padre Jesús Crucificado

Alejo de Vahía, s. XIV

Procesiones en que puede verse

LUNES SANTO
Las Cinco Llagas

JUEVES SANTO
El Indulto

VIERNES SANTO
SAnto Entierro

Descripción

Habitualmente se venera en la iglesia conventual de San Francisco, regentada por los Padres Jesuítas. Sus caracteres estilísticos permiten su atribución a Alejo de Vahía, prolífico escultor de origen nórdico activo en Tierra de Campos en el tránsito entre el siglo XV y el siglo XVI. Su personalidad, que dio origen, en principio, a las denominaciones convencionales de maestro de Santa Cruz (a quien se pretendió identificar con el entallador Rodrigo de León) o de maestro de Tierra de Campos, fue definida por Ara Gil. Su rastro se percibe por vez primera en Valencia, donde realiza, hacia 1475, la magnífica Dormición de la Virgen de su Catedral, pero debió de emigrar enseguida hacia Castilla, instalándose en Becerril de Campos. En 1500, en 1505 y en 1508 le mencionan allí distintos documentos que ponen de manifiesto su profunda implicación en la dinámica sociopolítica de la villa. Sus varias décadas de actividad en Becerril de Campos dejaron una abundante producción en la cual debió de contar con la asistencia de un importante taller y en la cual se mantuvo siempre fiel a un aserie de formulismos característicos (perpetuados, acaso, por alguno de sus colaboradores). Cabe destacar, por ejemplo, el empleo de esquemas geométricos básicos en la configuración de sus imágenes, que confiere un envaramiento peculiar a sus figuras, así como el tratamiento idiosincrático de rostros y de cabellos (éstos, en el caso de las figuras masculinas, con dos rizos sobre la frente). Se señala, en cualquier caso, una cierta hispanización de su estilo (de ahí que Vendevívere se refiriera con toda propiedad a nuestro artista como un escultor “hispano-renano”), así como una cierta evolución hacia un tratamiento más suave de las formas. En su copiosa producción Alejo de Vahía cultivó muy distintos tipos iconográficos. Destacan, entre éstos, las imágenes de Cristo crucificado. En ellos, responde a la evolución general de esta tipología a lo largo del siglo XV. De tratamiento anatómico característico, inciden en la expresividad, pero sin caer en gesticulaciones o en deformaciones. De la veintena de imágenes de Cristo Crucificado que han sido puestas en relación con este artista (en ocasiones obras de taller o de escuela de limitadas cualidades), ésta de la iglesia de San Francisco de Palencia, identificada como obra suya con ocasión de la elaboración del Inventario artístico de Palencia y su provincia, es, sin duda, una de las mejores. Destaca especialmente en esta imagen el tratamiento de sus brazos, más inclinados de lo que es habitual en el siglo XV, que confiere al conjunto un especial dinamismo. Sus características relacionan esta imagen con las de la iglesia parroquial de La Seca, en Valladolid, o del Museo Frederic Marés de Barcelona, procedente de Valladolid, sugiriendo, por el cuidado en el modelado, una cronología próxima al año 1500.