Archicofradía de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli

La Traición de Judas

Carlos Guerra del Mora , 2005

Procesiones en que puede verse

MARTES SANTO
El Prendimiento

Descripción

Obra de Carlos Guerra del Moral, uno de los imagineros más conocidos en la Andalucía actual, nacido en Úbeda, provincia de Jaén, y con creaciones y restauraciones en Sevilla, Málaga, Alicante y otras ciudades, principalmente en el sur de España. Sus tallas y sus líneas se inspiran en el Barroco, que tanta fama y personalidad ha dado a los pasos de la Semana Santa de aquella zona, aunque también añade ciertos toques de modernidad que permiten que el observador actual comprenda y se conmueva ante sus imágenes. En este sentido, es sobresaliente su Jesús Despojado para Alicante, que sobresale por su expresividad y sentimiento. El paso se sitúa sobre una carroza realizada en madera forrada con chapa de caoba, y adornada en sus frentes con las representaciones de las catorce escenas del Viacrucis en bajorrelieve, dentro de marcos ovales separados mediante vanos goticistas. La carroza perteneció a la Orden Tercera, que cuando dejó de procesionar la vendió a la Archicofradía de la Real e Ilustre Esclavitud de Jesús de Medinaceli; conservó también su faldón azul, al que se le ha agregado la cruz característica de la Archicofradía. La escena se compone de dos figuras de tamaño normal. El tema “La Traición de Judas” está representado de forma conceptual, en un momento intermedio, el que el artista ha considerado más expresivo para desarrollar lo que él quiere en concreto; la iconografía cristiana distingue en el transcurso de esta escena evangélica tres momentos distintos y consecutivos: el primero, la traición de Judas, cuando éste, que tenía la función de ecónomo y tesorero de la comunidad apostólica, recibió treinta monedas de plata de los príncipes de los sacerdotes; el segundo, el Beso de Judas ya en el Huerto de los Olivos, donde Cristo oraba con sus discípulos, sirviendo de indicación al grupo armado para apresar a Jesús como acción convenida para evitar todo error; por último, el Prendimiento del Maestro por los soldados, con el desorejamiento de Malco por parte de Pedro. Son desde luego numerosas las escenas que nos presentan los Evangelios, y que a lo largo de la Historia del Arte han sido tratadas de diferentes maneras, yuxtapuestas o fundidas en una composición de conjunto. De manera semejante a como la ha concebido en el paso el escultor, encontramos una pintura al temple del Monasterio de Sancti Espíritu el Real de Toro ejecutada por Cristóbal Ruiz de la Talaya de mediados del siglo XVII que en un segundo plano muestra una disposición paralela a la que vemos en el Paso, reflejando el momento en que el apóstol traidor se dirige a besar a Cristo mientras Éste espera de espaldas. En primer término, vemos a Jesús de pie, con los brazos extendidos, en actitud de avanzar, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, con una mirada ensimismada y una faz entristecida, que denota la angustia ante los hechos dramáticos que se le avecinan, junto con la aceptación de lo que ha de venir. Las manos de gran sensibilidad acentúan esos mismos sentimientos. Es una figura con una gran fuerza dramática, musculado sin exceso, con cierta elegancia natural. Su actitud hace que se perciba claramente el momento de soledad, de infinita tristeza ante la traición y el abandono de que es objeto. Está vestido con una túnica blanca ceñida a la cintura mediante un cíngulo de cuerda doble; en el tórax, el vestido se abre dejando ver una correcta anatomía. Un manto de tono ocre de amplios y voluminosos pliegues le cubre el hombro izquierdo y parte de la espalda prolongándose hasta el suelo, contribuyendo así a ampliar el espacio de sustentación de la figura. La cabeza, con pelo largo y barba poblada, muestra rasgos finos, nariz recta, pómulos marcados, ojos que indican una pena infinita y boca entreabierta. Detrás, Judas avanza hacia Él, vestido con una túnica naranja, con abundantes y ordenados pliegues, que se ciñe mediante una banda morada anudada sobre la cadera izquierda, que lleva su firma; el manto cubre parte de la cabeza, como si quisiera sumergirse en el anonimato, por la vergüenza del acto que va a realizar. Su mirada trasluce toda la agitación de su ánimo. Se representa en él a una persona de pelo rojizo, como la tradición atribuye al apóstol traidor, y corto. Ambas figuras están realizadas con una policromía mate, convincente.