H. F. Virgen de la Piedad

Santísima Virgen de la Piedad

Hermanos Martínez, 2004

Procesiones en que puede verse

SÁBADO DE PASIÓN
Piedad y Reconciliación

VIERNES SANTO
SAnto Entierro

Descripción

Titular de su cofradía homónima, una talla realizada en madera de cedro roja policromada y dorada. Es una obra inspirada en las de la escuela catalana, que viene a repetir un modelo de reproducción en serie, del cual existen múltiples ejemplares en toda España realizados en diferentes materiales y tamaños. Es ésta una composición realizada en dos fases por los talleres “Artemartínez” de Horche (Guadalajara). Primeramente, en 2003, se ejecutó la Cruz Desnuda, que procesionó exenta durante aquel año, para completarse el conjunto en el año 2004 con la realización de la Virgen de la Piedad. Este paso representa la tradicional escena o momento en el que la virgen María acoge, soporta y sujeta el cuerpo sin vida de su Hijo. Es un cuerpo musculoso, con claras señales de cadáver, expresado no solamente por la plasticidad del cuerpo que tiende a desplomarse, sino en el rostro tétrico y marcado dramatismo, que incluso sugiere desagrado. Es el cuerpo del hombre que deja la tierra para retornar a su Padre, en el cielo. La fuerza del paso está depositada en la figura de María, madre sufriente, la cual asume la misión de Jesús para redimir los pecados de los hombres. El tema de la Piedad no se menciona en los Evangelios, donde solo se puede rastrear el dolor de María en el Evangelio de Lucas, en el versículo que dice “y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”, y que sería el germen de la Virgen de las Espadas. Jacopo de la Vorágine dedica un capítulo a la Virgen de la Piedad, pero, basándose en el Evangelio de Juan, la describe erguida soportando de esta forma su inmenso dolor. Podemos decir, por tanto, que el tema iconográfico es fruto de la mística de la Baja Edad Media que hizo su aparición a comienzos del siglo XIV tomando como referencia la célebre loa de los sufrimientos de María, el Stabat Mater, escrita por el franciscano Jacopone de Todi, y desarrollada por la literatura piadosa cisterciense, franciscana y dominica. Fue una pieza fundamental en los Breviarios de la Pasión de las congregaciones de monjas. En las Meditaciones de Pseudo Buenaventura, en las Efusiones de Enrique de Berg, en las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia o en el Planctus Mariae del cisterciense Ogiero de Locedio entre otros, se describe el cuerpo de Cristo muerto sobre las rodillas de su Madre y las emociones que ella padece así como su indescriptible dolor como una forma de llegar al corazón de los fieles. Si nos retrotraemos en el tiempo y rescatamos el texto bíblico de Lucas, éste relata que “Santa Isabel alaba a María cuando exclama: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí que la Madre de mi señor venga a visitarme? Podemos decir que, de forma alegórica, María recibe a su hijo en su seno nuevamente. Su rostro mira hacia el cielo, en actitud de aceptación y obediencia a Dios; y nosotros, como Isabel, la veneramos.