Cofradía del Santo Sepulcro

Jueves Santo | 12 de la madrugada

Quinta Angustia

Recorrido
Sto. Sepulcro, Lope de Vega, Valentín Calderón, Mayor, Becerro de Bengoa, Pza. S. Lázaro, Burgos, Joaquín Costa, Pza. de la Sal, Pza. Mayor, Pza. S. Francisco, Ignacio Martínez de Azcoitia, Lope de Vega, Sto. Sepulcro.

Actos
[00:00] Salida. Capilla del Santo Sepulcro.
[01:05] Encuentro con la Cruz. Iglesia Conventual de Santa Clara.
[01:30] Encuentro con el Santo Cristo Señor de la Vida y de la Muerte. Oración y Promesa. Plaza de San Francisco.
[02:00] Entrada. Capilla del Santo Sepulcro.

Marcos de Interés
[00:20] C/ Mayor (Villandrando).
[01:15] C/ Colón (Diputación).
[01:45] Ignacio Martínez de Azcoitia.

En los primeros instantes del Jueves Santo, y entre el más absoluto de los silencios, parte la procesión, que tiene un marcado carácter franciscano, origen primero de la hoy Cofradía del Santo Sepulcro, mediante diferentes simbologías y actos. El primero, el encuentro de la Madre con la Cruz en la fachada del Convento de las Claras; el segundo, el encuentro de la Virgen, en su advocación de la Quinta Angustia, con el Santo Cristo Señor de la Vida y de la Muerte (que procede de la procesión de Luz y Tinieblas, organizada por la otra cofradía franciscana de la ciudad y que discurre paralela a esta procesión). Unidas ambas procesiones en la plaza de San Francisco se evoca el dolor de la virgen ante la muerte de su Hijo (de ahí el nombre de Quinta Angustia de la Virgen). El lugar sirve de escenario perfecto para que cofrades y fieles todos participen de un momento de oración fraterna. El público permanece en silencio sepulcral, y reza conjuntamente con los hermanos cofrades allí presentes. Posteriormente los hermanos de las distintas cofradías juran sus intenciones para el Triduo Sacro que da comienzo en esos mismos instantes. El silencio del Jueves Santo se verá sorprendido por el llanto del Viernes Santo, que dará lugar al tiempo de la espera, de la soledad, para acabar finalmente con la sonrisa del resucitado. Cabe destacar que, desde el año pasado, en la procesión participa un pequeño coro, formado por miembros de la cofradía del Santo Sepulcro, que, durante el transcurso de la misma, entona cánticos gregorianos, aludiendo a los pasajes de la vida de la Madre con el Crucificado.

ESENCIA

Finalizado el Miércoles Santo, y con las primeras horas del Jueves Santo, tiene lugar la primera de las procesiones del llamado Jueves del Amor Fraterno: la PROCESIÓN DE LA QUINTA ANGUSTIA. Es posiblemente una de las procesiones más emotivas en la que el frío de la noche acompaña a los cofrades que en silencio acompañan a la imagen de la Quinta Angustia. Un silencio que es perturbado por el toque del tambor, que rompe en la noche y marca el ritmo de la procesión. La finalidad de la procesión es la búsqueda íntima del penitente con el dolor de la Madre de Jesús, especialmente en el momento de la Crucifixión de Jesús. La Semana Santa se acerca al Triduo Pascual y la Cofradía del Santo Sepulcro nos invita a través del silencio y de la oración a que vivamos los próximos días con la devoción y solemnidad que se merecen. Los hermanos cofrades buscan, mediante el silencio, la comunión espiritual con el evangelio y con su mensaje. A todo ello suman los ideales franciscanos de humildad y fraternidad, que son los que permiten demostrar que el sufrimiento de Nuestro Señor no ha quedado en balde, sino que continúa vivo en los corazones de los cofrades, que recuerdan y viven, año tras año, intensamente, el dolor del Hijo de Dios. La procesión data de 1999, en unos años en los que nuestra Semana Santa vivió un crecimiento exponencial. Pocos años antes, la Cofradía del Santo Sepulcro había recuperado, mediante una profunda restauración a la Virgen de la Quinta Angustia, que era su titular mariana hasta que Vicente Espinell tallara, en 1906, la Virgen de los Dolores. Así pues, se volvió a procesionar la talla, primero en la procesión del Santo Via Crucis, acompañando al Cristo de la Misericordia, y luego en esta procesión. Las crónicas antiguas nos hablan de la participación de esta talla en la vida procesional de su cofradía: “Item ordenamos que el Jueves Santo de la Cena del Señor por la mañana todos los nuestros cofrades vengan al nuestro palacio de la dicha nuestra Cofradía con su cera y de allí con la Cruz y el pendón pardo y la insignia del Santísimo Crucifijo que lleva un sacerdote y la insignia de Nuestro Padre Señor San Francisco y más el Viernes Santo en la mañana a desencerrar el Santísimo Sacramento en lugar de la insignia de Nuestro Padre Señor San Francisco la figura de la Quinta Angustia y vamos en procesión al Monasterio del Señor San Francisco con cera a encerrar el Cuerpo de Nuestro Señor a la misa mayor y oficios divinos y allí nos hallemos juntos con nuestra cera ardiendo y ni más ni menos el Viernes Santo de la Cruz nos hallemos a los oficios divinos y a desencerrar este Santísimo Sacramento so pena que el cofrade que faltare pague de pena por cada un día que faltare no dando suficiente descargo de impedimento legítimo un cuarterón de cera o su valor en dinero”. La talla protagonista hace referencia al quinto de los tormentos que, según la tradición, María tuvo que soportar en su vida. Popularmente se admite que la devoción se desarrolló por diversas revelaciones privadas entre las que destacan las transmitidas a Santa Isabel de Hungría y Santa Brígida. Estos siete tormentosos episodios serían: la Profecía de Simeón, la Huída a Egipto, la Pérdida del Niño en el Templo, el Encuentro con Jesús en el Camino del Calvario, la Muerte de Jesús en la Cruz, la Recepción del Cuerpo de Jesús por María, y la Colocación en el Sepulcro.

Es una procesión que busca la intimidad del penitente con el dolor de la Madre de Jesús. Con una marcada simbología franciscana, origen primero de la hoy Cofradía del Santo Sepulcro, mediante diferentes simbologías como el encuentro de la Madre con la Cruz en la portada de las Hermanas Clarisas y el encuentro con el Crucificado (que procede de procesión de Luz y Tinieblas que discurre paralelamente organizada por la otra cofradía de la ciudad de origen franciscano) en la Plaza de San Francisco se evoca el dolor de la Virgen ante la muerte del Hijo (Quinta Angustia de la Virgen y de ahí su nombre). Tras el encuentro de la Madre y el Hijo Crucificado los cofrades, tras una breve oración, juran sus intenciones para el Triduo Sacro que da comienzo en esos mismos instantes. Los diferentes momentos de la procesión (y de la que discurre simultáneamente por las calles de la ciudad) van a culminar con la promesa que realizarán los hermanos de las dos cofradías en la Plaza de San Francisco. Como novedad, este año se incorpora un pequeño coro de hermanas y hermanos de la cofradía que, bajo el canon gregoriano, recordarán pasajes de la vida de la Madre del Crucificado.

Imaginería

La Quinta Angustia