Cofradía del Santo Sepulcro

Domingo de Ramos | 12 h.

Entrada de Jesús en Jerusalén

Recorrido
Catedral, Pza. Inmaculada, Jorge Manrique, Juan de Castilla, Menéndez Pelayo, Pza. Isabel la Católica, La Cestilla, D. Sancho, Burgos, Pza. S. Lázaro, Conde Vallellano, Empedrada, S. Bernardo, Mayor, Ignacio Martínez de Azcoitia, Lope de Vega, Sto. Sepulcro.

Actos
[12:00] Salida. S. I. Catedral.
[13:45] Despedida. Capilla del Santo Sepulcro.

Marcos de Interés
[12:25] Cuatro Cantones.
[12:40] Calle Burgos.
[13:05] Calle S. Bernardo.
[14:00] Capilla Santo Sepulcro.

La procesión tiene su primer momento en la bendición de las palmas que, a las puertas de la Capilla del Santo Sepulcro, y ante el paso de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, que protagoniza todos los actos, lleva a cabo el Señor Obispo, acompañado por el Cabildo Catedralicio. Tras la bendición, se pone en marcha un pequeño desfile procesional que pretende cumplir las funciones del prescrito por la Liturgia del día. Esta procesión litúrgica, conformada fundamentalmente por los miembros de la Cofradía organizadora, la del Santo Sepulcro, finaliza en la Catedral, donde el Obispo preside la Santa Misa del día, a la que asiste una pequeña representación de todas las cofradías penitenciales de la ciudad, así como numeroso pueblo fiel. A la par que la misa finaliza, comienzan a concentrarse en la plaza de la Inmaculada las representaciones de las distintas cofradías de la ciudad, fundamentalmente nutridas de los cofrades más jóvenes, auténticos protagonistas del día. Cuando el reloj de la torre da las doce del mediodía, las puertas de la Catedral se abren de par en par para que, a los sones de la banda, salga Jesús, encima de la Borriquilla, a bendecir a todos los presentes. Es el momento en el que arranca la procesión, que recorre las principales calles del Casco Histórico de la ciudad. Tras la Borriquilla, un grupo de niños, de las distintas cofradías, hace de improvisado y acertado acompañamiento al paso, uno de los más queridos y entrañables de Palencia. A la llegada, de nuevo, a los alrededores de la Capilla del Santo Sepulcro, en un arranque de júbilo, se hacen batir las palmas, como merecido homenaje a un Jesús que, en pocas horas, comenzará su Pasión en esta Palencia que hoy quiere ser una nueva Jerusalén.

ESENCIA

En Jerusalén, en el siglo IV, el domingo antes de la Pascua se celebraba una liturgia que duraba todo el día y que inauguraba lo que se conocía como la “Semana grande”. Después de la misa, que se celebraba como de costumbre, el obispo y todo el pueblo se dirigían a la iglesia situada en el monte de los Olivos, donde se proclamaba el evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén. Luego bajaba una procesión hasta la basílica de la Resurrección, donde, aunque ya era tarde, se cantaba el oficio vespertino, llamado “lucernario”. A la salida de esta celebración, el archidiácono anunciaba que todos los días de la semana la asamblea se reuniría a primera hora de la tarde, a las tres, en la iglesia principal, levantada en el Gólgota. En Roma, por el contrario, en tiempos del papa san León Magno, la Semana Santa empezaba todavía de manera muy sobria, con una misa dominical durante la cual se leía el evangelio de la pasión según san Mateo. Más tarde, a instancias de los peregrinos de Jerusalén, esta eucaristía estaría precedida por la procesión de los ramos, que, desde su introducción, tuvo en Occidente el carácter de un cortejo triunfal en honor de Cristo Rey. Para hacer como en Jerusalén, esta celebración mantuvo por mucho tiempo el carácter de evocación histórica, y posteriormente fue recargada con elementos de diversa procedencia a lo largo de la Edad Media. En Palencia, la primera noticia que tenemos de la celebración del Domingo de Ramos, que ya se vendría realizando, data de 1585, ya que, en el Libro de Reglas de la Cofradía de San Francisco (actual Santo Sepulcro), que aún se conserva, queda ya plasmada la obligación, por parte de sus cofrades, de conmemorar la PROCESIÓN DE LA ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN: “Item ordenamos movidos con celo de devoción, que así como los días del Jueves Santo y Viernes que adelante viene hemos de imitar a Nuestro Señor en las penalidades y su Pasión, con lágrimas y contrición, para que merezcamos alcanzar perdón de nuestros pecados, que en su benditísima Entrada en Jerusalem le sigamos con regocijo, para que mejoremos en la conciencia, porque cuando el Señor nos llevare de esta presente vida nos dé las sillas en su gloria que nos tiene prometidas. Y con tal esperanza vamos todos con devoción al nuestro palacio, y de allí salgamos por el monasterio de Nuestro Padre Señor San Francisco, con nuestra Cruz y pendón y cera y con la insignia del Santísimo Crucifijo y la de Nuestro Padre Señor San Francisco y vamos con los frailes del dicho convento y la Cruz de la Parroquia de Señor San Lázaro. Y vamos en procesión por toda la calle Mayor hasta la emita del Señor San Sebastián adonde habrá sermón de un padre de la Orden de Nuestro Padre Señor San Francisco. Y acabado el sermón se vuelva en procesión como salió del dicho convento, derecho a la puerta de la Corredera y de allí vamos a Nuestra Señora de la Calle a suplicarla con toda devoción ruegue a su hijo bendito Nuestro Señor Jesucristo nos perdone nuestros pecados y nos dé su gracia para que le sirvamos y imitemos en su benditísima pasión. Y así hecha esta rogativa vengamos por la dicha calle Mayor hasta el dicho monasterio de Nuestro Padre Señor San Francisco, donde se hará otra rogativa a Nuestro Señor Jesucristo y de allí nos entraremos en nuestro palacio con nuestras insignias”. Desde entonces, ha venido conmemorándose, de manera ininterrumpida, el Domingo de Ramos en nuestra ciudad. No hay que olvidar que, aunque a lo largo del año hay otras procesiones litúrgicas con motivo de ciertas festividades (como son la del 2 de febrero, que conmemora la Presentación del Señor en el Templo, o la de la Vigilia Pascual, con el rito del lucernario), la de Ramos es la procesión litúrgica más importante de toda la Semana Santa. Así lo expresó también el que fuera Obispo de Palencia, D. Rafael Palmero Ramos, quien, en 1997 quiso que toda la celebración de la mañana del Domingo de Ramos en Palencia se adaptara, lo máximo posible, a la liturgia.

Como dice el refrán, en “Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”. El amanecer de hoy anuncia una soleada mañana, y hace crecer la ilusión entre grandes y pequeños. Esa sensación, nueva cada año, de sentirnos niños otra vez. Como nuestros padres. Como los padres de nuestros padres. Como todos aquellos que nos precedieron y vivieron, año a año, esos primeros momentos de ilusión en los que cerrar los ojos un instante e imbuirse por el Dios vivo que sale a la calle, a nuestro encuentro. En este soportal de la Semana Santa, nuestras gargantas entonan cánticos de júbilo y alabanza. Hoy, la alegría hace que se sacudan palmas al viento, elevándose entre el ronco sonido de tambores y cornetas. El próximo viernes, las voces enmudecerán por cobardía. La cruz se alzará en la más absoluta soledad; colgada de ella, la salvación, hoy aclamada por todos, será abandonada hasta por sus más íntimos.

Imaginería

La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén