Cofradía Penitencial y Sacramental de la Santa Vera-Cruz

Domingo de Ramos | 18 h.

Santo Rosario del Dolor

Recorrido
Pza. S. Pablo, Pza. León, Avda. Antigua Florida, Avda. Santander, Villacasares, Paseo del Otero, Ermita Cristo del Otero, Paseo del Otero, Villacasares, Avda. Santander, Avda. Antigua Florida, Pza. León, Pza. S. Pablo.

Actos
[17:45] Salida Cofradías Vera Cruz.
[17:50] Recogida Ntra. Sra. del Dolor - Convento de las Madres Dominicas.
[18:00] Salida procesión S. Pablo.
[19:00] 1º y 2º Misterios - María Estela.
[19:45] 3º y 4º Misterios - S. Ignacio y Sta. Inés.
[20:30] 5º Misterio y Letanía - Ermita Cristo del Otero.
[22:45]Despedida - S. Pablo.

Marcos de Interés
[20:10] Cerro del Otero (ascenso).
[20:45] Cerro del Otero (descenso).

A la caída de la tarde de la jornada del Domingo de Ramos, el discreto cortejo procesional sale de la Iglesia de San Pablo y, casi a modo de romería, atraviesa la aparentemente infranqueable barrera de la vía férrea, para dirigirse, en un primer momento, hacia el Barrio del Ave María; posteriormente, enfilando el Paseo del Otero, se interna en el Barrio del Cristo, para terminar ascendiendo hasta los mismos pies del Cristo que tallara Victorio Macho. En el camino, la procesión realiza una primera parada en la Parroquia de María Estela, donde se rezan los dos primeros misterios del rosario, la Oración en el Huerto y la Flagelación. Un poco más adelante, y al pasar por las puertas de la Parroquia de San Ignacio y Santa Inés, la plegaria continúa con el tercer y el cuarto misterio, la Coronación de Espinas y Jesús con la Cruz a Cuestas. Ya en la cima del Otero, y tras la dura ascensión, se reza el quinto misterio, la Muerte de Jesús, y la Letanía de la Virgen. Nada más finalizar el rezo, la procesión reemprende su marcha para, descendiendo el cerro y deshaciendo el camino andado, regresar de nuevo a la Iglesia de San Pablo, donde tiene lugar una emotiva despedida.

ESENCIA

El antecedente más remoto de la PROCESIÓN DEL SANTO ROSARIO DEL DOLOR se encuentra en el año 1588 cuando, con la intención de pedir por la “Armada Invencible” que partía a combatir contra el Reino de Inglaterra, se realizó una procesión de disciplina y penitencia. A instancias de los gobernadores, en dicha procesión los cofrades de la Vera Cruz bajaron a la ciudad, por vez primera, la imagen de Nuestra Señora del Otero, y llegaron hasta las Puertas de Monzón (actual plaza de León), donde fueron recibidos por las autoridades, trasladándose posteriomrnete hasta la Santa Iglesia Catedral. Esta procesión, en un principio de carácter extraordinario, caló muy profundo, y con el paso del tiempo se tomó por costumbre subir en procesión hasta la Ermita del Otero rezando el Santo Vía Crucis, participando en dicho rezo incluso los novicios del Convento de San Pablo. En 1957 se produce la supresión del noviciado, trasladándolo fuera de Palencia, y ello implica que la procesión se deje de realizar. En 1999, siguiendo las directrices del entonces Obispo de la Diócesis, don Rafael Palmero Ramos, quien pedía que alguna procesión saliese a los barrios de la ciudad, se volvió a recuperar, con la colaboración de los Padres Dominicos, y de las parroquias de Santa María Estela y San Ignacio y Santa Inés, la ascensión procesional al Cerro del Otero, actualmente coronado por el magnífico Cristo de Victorio Macho, en la tarde del Domingo de Ramos. No obstante, el primitivo formato de Via Crucis se ha cambiado por el del rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario. El rosario, devoción mariana por excelencia, es una práctica piadosa definida como el Salterio de la Virgen y que tiene una índole evangélica, como compendio de todo el Evangelio. El Catecismo nos dice que, en su origen, fue una sustitución popular de la Oración de las Horas. Históricamente se atribuye su invención a santo Domingo de Guzmán, aunque antes ya se conocía su existencia y consistía en el rezo de 150 Ave Marías, como un salterio mariano paralelo a los salmos, que son también el mismo número. Fue el dominico Alano de la Roche quien difundió la anterior atribución y le dio gran difusión. En un principio solo se rezaban Ave Marías, después se introdujo la meditación de los misterios, aportación hecha por los cartujos. Alano de la Roche añadió el Padrenuestro y propagó la fórmula de quince Padrenuestros y cincuenta Ave Marías. Finalmente fue Pio V quien le dio la forma actual con los quince misterios –gozosos, dolorosos y gloriosos- y el Padrenuestro y los diez Ave Marías por misterio. En el siglo XVII, el jesuita español Arias hace mención al uso de la jaculatoria final y del Gloria, añadiéndose también en ese siglo las Letanías. León XIII, el denominado papa del Rosario, promulgó varias encíclicas sobre esta devoción, afirmando que el Rosario proporciona grandes beneficios a la cristiandad. Más recientemente, en 2002, Juan Pablo II añadió al rezo del Rosario los misterios luminosos. Los misterios gozosos se rezan habitualmente los lunes y sábados; los dolorosos los martes y viernes; los gozosos los miércoles y domingos; y los luminosos los jueves. Esta adjudicación de días concretos a cada grupo de misterios no es algo inamovible y debe adaptarse a los tiempos litúrgicos, como es el caso de esta procesión. Las letanías, aunque popularmente así se considere, no forman parte del rosario ni es un colofón del rezo del mismo, sino una oración independiente. La prescripción del papa León XIII de concluir el rezo del rosario con el canto de las letanías durante el mes de octubre hizo que los fieles asociaran las letanías como una parte final del rezo del rosario. Las letanías son, pues, por sí mismas, un acto de culto propio a la Virgen, pudiendo ser canto procesional o formar parte de otros actos cultuales.

A la cálida de luz del crepúsculo dominical, que aún huele a ecos de júbilo y alegría, tu cruz se alza en la más absoluta soledad. Colgado en ella caminas, cargando con nuestros pecados, a lo largo de una oscura vereda hasta el cerro más alto, hacia nuestro Calvario palentino, desde el que, inmortalizado en una colosal efigie, velas por nosotros día a día. Tus pasos inclinados son seguidos por una ristra de candiles candentes, cuyas voces rezan el rosario a modo de agónica letanía que busca paliar los sufrimientos de tan injusto tormento. Tu Madre, desde el cielo, del que hoy estamos un poco más cerca, esconde su agonía y su desconsuelo. Las lágrimas que los hermanos derraman, ante la avalancha de sensaciones que se avecinan, limpian tus heridas, y su cómplice silencio comparte tu arduo camino hacia el Otero. Las velas y su radiante luz son esperanza de Salvación, hoy aclamada por todos, pero en aquellos días abandonada por sus más íntimos. Déjanos, Señor, acompañarte en tu cruz, en tu final, y compartir las penas que, por nuestro propio egoísmo, te infligimos día tras día, mes tras mes, año tras año. Consumatum est.

Imaginería

Santísimo Cristo de la Vera-Cruz